La llamada

Una revisión sobre la llamada y sus posibles causas de error o desajuste 

Una de las modificaciones que con mayor frecuencia nos requieren los propietarios de perros ya adiestrados o parcialmente adiestrados de forma externa, es que su perro no responde a la llamada de una manera efectiva.

 “En casa sí, pero cuando vamos al parque, ni caso”.  “Si se junta con otros perros pasa olímpicamente de mi”.  “Si no tengo premio, olvídate”.  “Viene cuando quiere”…

Estas frases y otras muchas de similar contenido nos han sido repetidas hasta la saciedad.

Para poder intervenir sobre el problema, debemos encontrar primero que factores influyen negativamente en la respuesta del perro.

A continuación os exponemos, los factores que se nos han presentado, en los diferentes casos, desde enero hasta la fecha. (Para esto, entre otras cosas, sirve la toma de datos en forma de plantillas de trabajo o de modificación de conducta). Os lo presentamos primero a modo de viñeta; a continuación porcentual-mente mediante un gráfico y por último mediante un breve desarrollo, (bueno no tan breve), en el que explicamos el “por qué” y que solución aplicamos.

Una de las modificaciones que con mayor frecuencia nos requieren los propietarios de perros ya adiestrados o parcialmente adiestrados de forma externa, es que su perro no responde a la llamada de una manera efectiva.

 “En casa sí, pero cuando vamos al parque, ni caso”.  “Si se junta con otros perros pasa olímpicamente de mi”.  “Si no tengo premio, olvídate”.  “Viene cuando quiere”…

Estas frases y otras muchas de similar contenido nos han sido repetidas hasta la saciedad.

Para poder intervenir sobre el problema, debemos encontrar primero que factores influyen negativamente en la respuesta del perro.

A continuación os exponemos, los factores que se nos han presentado, en los diferentes casos, desde enero hasta la fecha. (Para esto, entre otras cosas, sirve la toma de datos en forma de plantillas de trabajo o de modificación de conducta). Os lo presentamos primero a modo de viñeta, a continuación porcentualmente mediante un gráfico y por último mediante un breve desarrollo, (bueno no tan breve), en el que explicamos el “por qué” y que solución aplicamos.

Factores limitantes que hemos encontrado en la eficacia de la “llamada”

Falta de “feedback”

  1. Incorrecto código de comunicación o mal uso del mismo. Con muchísima frecuencia el propietario, unas veces llama con ven, otras con aquí, o con lo que buenamente se le ocurre, sobre todo en ambientes relajados, y además sin exigir la ejecución precisa, lo cual inevitablemente termina por desmontar la “típica” llamada construida.                                                                                                

A fin de solucionar o minimizar este efecto, en estos casos en concreto, nosotros aconsejamos montar dos tipos de llamada; la domiciliaria o cotidiana: “ven”, o mejor sólo el “nombre del perro”, que no requiere una exigencia de precisión en su ejecución, basta con que se acerque. (Lo tratamos casi como el comando de concentración y lo construimos en el domicilio, y en ambientes controlados, para su uso en estas condiciones); y la de seguridad o precisa: (aquí, here, etc.), qué SÍ REQUIERE EXIGENCIA Y PRECISIÓN EN LA EJECUCIÓN, debe provocar en el perro tres respuestas conductuales encadenadas, venir, sentarse y permanecer. La construimos en el domicilio y la extrapolamos posteriormente a diferentes ambientes. Limitamos su uso, sólo si es necesaria.

¡¡¡Requiere mantenimiento para permanecer afinada y es un patrón de conducta fijo!!!

 Aunque parece muy obvio, el propietario tiende a obviar este punto y por eso debemos insistirle y marcarle un plan específico adaptado a su perro.

2. Inadecuado vínculo afectivo. Se nos ha presentado sobre todo en perros que son manejados por diferentes miembros de la familia (para algunos, sacar al perro, se trata de una obligación y no de una libre elección). Y en perros no integrados a la vida familiar, es decir vive en el exterior, perro de chalet o dúplex.

En ambos casos nuestra propuesta de actuación se orienta: primero hacia la “educación del propietario”. En el 2º caso establecemos un programa de actividades con el perro. “Vale, no lo quieres dentro de casa, pero tienes que hacer algo con él, su mundo no puede limitarse a la parcela”.

Posteriormente aplicamos lo visto en el punto anterior

Metodología de enseñanza inadecuada o mal aplicada.

“Aquello que tantas veces nos repitieron “en nuestra “alma mater”, de que, antes de solicitar la intervención del profesional suelo intentarlo yo mismo, es una realidad, con frecuencia aplicada por los propietarios”. Las malas fuentes de información (internet, televisión…) o su mala interpretación pasan factura y a alto coste.

La solución es obvia, reconstrucción de la llamada con técnicas apropiadas; “ojo” en muchos casos es necesario previamente intervenir sobre los estados emocionales negativos asociados, así que también búsqueda del estado emocional apropiado (el uso de los espacios va genial).

Tensión excesiva.

Hemos observado una enorme diferencia entre el estado emocional de los propietarios al intervenir sobre  la llamada; si es durante un adiestramiento que iniciamos nosotros no suele haber problemas, todo fluye y evoluciona favorablemente, aunque con las lógicas variaciones individuales. El problema se hace presente, cuando nuestra intervención está dentro del marco de este texto, es decir, es una corrección o modificación. En estos casos además de la intervención sobre el perro debemos tener en cuenta varios factores presentes en el propietario.

Temor  y/o la incertidumbre del propietario se hacen patentes, generalmente ha pedido la ayuda después de una experiencia más o menos traumática. En uno de los casos, el perro después de ignorar la llamada estuvo dos días desaparecido, otro tiró a una señora en el parque. El último que hemos tenido es digno de mención, una perra mestiza de caza que para conseguir que atienda la llamada, hay que esperar a que esté sedienta para ofrecerle agua y así  poder recuperarla.

En estos casos, seguimos la rutina normal de trabajo, reconstruyendo la llamada (las dos llamadas anteriormente descritas), pero extremamos las medidas de seguridad y sobre todo nos aseguramos que así las perciba el propietario.

Para aliviar el temor y la incertidumbre del propietario, antes de trabajar sobre la llamada en sí misma, introducimos el espacio de juego. Esa interacción que se establece, nos permite dar seguridad al propietario, relajarlo y de paso empezar a instruirlo en el código de comunicación que usamos.

Durante el juego, percibe como el perro se aleja y vuelve hacia él sin mayor problema. Paralelamente incidimos también sobre los conflictos y confusiones que suelen surgir cuando el manejo es por parte de varios miembros del núcleo familiar. (¿O no habéis escuchado?, “es que la culpa es suya, lo mima demasiado, no sabe imponerse, le permite todo…). Y por último, aunque no menos importante, estamos eliminando o corrigiendo malos hábitos o vicios adquiridos previamente que dificultarían nuestro trabajo, ya que el espacio de juego tiene unas reglas novedosas, para la mayoría.

Empobrecimiento ambiental

En otros casos el problema se centra únicamente en la falta de extrapolación del trabajo a otros ambientes y a la vida cotidiana. Se nos ha  presentado este caso en perros que han trabajado en la modalidad de Club y por una razón u otra, se ha descuidado la practica fuera de ese entorno. “Ojo, no es una crítica a la modalidad de Club”. Pero lo cierto es que lo aprendido en ese entorno debe ser practicado y llevado a la vida cotidiana.

La solución, hacer cotidiano lo que estaba reservado a un entorno concreto.

Excesiva rigidez

El abuso de la llamada y una extremada rigidez suelen desmontarla por hastío. El uso de las dos llamadas, anteriormente citadas, permite contrarrestar este efecto, ya que cada una tiene un uso y finalidad diferente. Es fácilmente entendible, que dentro de mi casa llame a mi perro y no le exija que se siente frente a mí, porque resulta poco práctico y funcional para el manejo hogareño y cotidiano; lo que no quita, que bajo ciertas condiciones, sí requiera esa conducta; por ejemplo; si va entrar o salir alguien de la casa, y no quiero al perro en medio; pero no como práctica habitual.

Pero el principal problema que hemos observado en cuanto al tradicional “aquí”, es de abandono por hastío. Hastío del propietario, porque, salvo que practique alguna disciplina deportiva, (y eso es otra historia) no tiene mayor incentivo. Es un ejercicio más bien soso, si no se combina con algo más.

“Se enseña, se usa unas cuantas veces y se acabó la historia, luego se prende que funcione”.

Como ya expusimos anteriormente, la llamada para ser eficiente necesita mantenimiento y ser afinada, pero para no causar hastío al perro, debe ocurrir algo más después.

Inculcamos a los propietarios a incorporar  “conductas reconfortantes” de vez en cuando, después de la llamada y una vez ejecutada.Para el exterior: nosotros somos muy  pro-espacios, pero es que funcionan muy bien. Por ejemplo: llamada +espacio de juego, “te llamo, te exijo, te libero y jugamos”; o llamada + espacio de calma, “te llamo, te exijo, cumples, te libero y nos relajamos. En el interior de casa puedo practicarla previa a salida. “Te llamo, te exijo, cumples, te libero y nos vamos”, o “antes de subir al coche”…

¡¡¡Se trata de generar una expectativa positiva en el perro que anule el componente restrictivo que puede tener la llamada!!!

Falta de impulso o chispa

En alguna ocasión, afortunadamente no muchas, el problema es la actitud del propietario, en otras la del perro. La práctica de la llamada, una vez conseguida la conducta puede tornarse tediosa. Si queremos una “respuesta dinámica” y por qué no decirlo, “alegre”, “nuestra actitud” lógicamente debe ser esa. Ante estas actitudes nosotros solemos recurrir a la resolución de problemas, generando expectativa tanto en el propietario como en el perro. En cada serie de 5 repeticiones, tres incluyen elementos sorpresivos. Prestamos una especial atención a la gradación tonal.

Falta de volumen de trabajo, pereza, inconstancia.

Es necesario informar al propietario que el trabajo de montar una muy buena llamada de seguridad, precisa, o como queráis llamarla, requiere mucho volumen de trabajo por su parte.

La técnica de enseñanza y la consecución de la conducta, en su fase inicial, son fáciles y rápidas; lo difícil es la extrapolación a su vida cotidiana. Y esa parte es más trabajo suyo que nuestro.

Es necesario reconocer y aceptar, que  construir una “muy buena llamada” requiere un volumen de trabajo muy importante, que conlleva esfuerzo, constancia y dedicación en su justa medida.

Y además no olvidar que

¡¡¡Requiere mantenimiento para permanecer afinada!!!

Es un patrón de conducta fijo, sometido siempre a las mismas reglas de ejecución aunque varíen las condiciones.